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El Paraíso: Haití

 

¿Por que una catástrofe de proporciones dantesca en un país ya asediado por la pobreza extrema? ¿Por que un desastre de tan significativo volumen donde hasta unos 200,000 hermanos perdieron la vida y varios millones sufren las consecuencias de este evento cuando vienen sufriendo por décadas? ¿Por que tanto mas sufrimiento a un país ya devastado que vive en su inmensa mayoría en condiciones infrahumanas? Es difícil comprender la realidad diaria de éste pueblo antes de la tragedia, cuando antes sobrevivían sin las necesidades básicas para ahora imaginarnos su devastadora realidad al mismo momento que nosotros vivimos dando gracias diariamente por nuestras bendiciones. La realidad es que es complicado entender el escenario tan difícil que vive hoy nuestro vecino país de Haití. 

 

Estas y muchas otras preguntas nos pasan por la mente, queremos justificar lo ocurrido para entender. Sin embargo, el drama que se desarrolla allí no requiere de nuestro análisis. Sino de nuestra acción de levantar el espíritu que nos une como seres humanos con el instinto de supervivencia y el de preservar la vida. Al día de hoy, el paisaje dantesco y esa pesadilla que sufren los hermanos haitianos es el mismo escenario que levanta el espíritu de la más pura esencia del ser humano el de entender el dolor de otros, la compasión, y levantarse a dar la mano. El mundo se puso de pie y entre el hedor de los cadáveres, los heridos y el hambre, la soledad y la falta de esperanza y desasosiego que viven a su alrededor se vive a la vez la inmensidad del hombre cuando convierte en causa suya el dolor y mala fortuna de otros. 

 

Haití hoy es prueba de la esperanza que tiene este mundo de ser uno mejor, es la esperanza de mostrarnos que sin ser este último en particular el propósito, que podemos lograrlo no enajenándonos del resto del mundo pero uniéndonos a el. En este momento entre la desesperanza de un país que sufre por sobrevivir el resto del mundo dice con sus acciones que estamos mas vivos que nunca y que las pequeñeces que a veces nos separan son eso, pequeñas cosas que a veces oculta la divinidad que tenemos como seres creados a imagen de uno que nunca debe dejar de ser nuestro norte. Hoy nos crecemos como humanos extendiendo la mano a un hermano en necesidad. Nos engrandecemos cuando nos aseguramos que esta prueba es tanto para Haití como para nosotros. Aceptemos esta con la responsabilidad e intensidad que esta requiere de nosotros para hacer un cambio. Aunque sea un granito de arena colectivamente este resultará en el gran esfuerzo que necesitan para salir adelante. 

 

No nos enajenemos o desensibilicemos por tantas imágenes y demos por sentado de que esa es su realidad. Hagamos no lo que podamos, sino lo que sea necesario para lograr un cambio ayudando a los que ya nos facilitaron los mecanismos o las herramientas para aportar, tales como: 

 

Asociación de Bancos de Puerto Rico, Cruz Roja Americana (Capítulo de Puerto Rico), UNICEF 

 

Convirtamos el escenario de dolor, muerte y sufrimiento en un paraíso del alma de la belleza interior del ser humano cuando asumes tu rol de construir y sin reparos nos ponemos al servicio del necesitado. Y quiera Dios que en un futuro cercano recordemos estos días como aquellos donde se engrandeció el mundo y no dejó a uno de los suyos sólo, ni desamparado.   Que Dios continúe acariciando nuestros corazones para ablandarlo y servir a esos que no esperan menos de nosotros.  

 

Daniel Medina 

 

 


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